Armejún recupera la vida tras más de 30
años condenado a la despoblación Deshabitado desde la década de los
60, .
los antiguos habitantes del pueblo y sus hijos
están reconstruyendo la localidad
Fotógrafo:
Mariano Castejón Algunos
miembros de Amigos de Armejún, en la casa donde se
reúnen
J.G.R. Armejún | "Mi padre se marchó llorando del pueblo
cuando se enteró de que al año siguiente no iba a haber
maestro. Eso significaba que nosotros también tendríamos que
ir a vivir a otro lugar". Más de 30 años después, ese niño
llamado Alberto vuelve a Armejún, junto a otras 40 familias
más, para rescatar del olvido el lugar que le vio
nacer.
Armejún, un precioso pueblo enclavado en la
sierra de Achena, en los límites de la provincia con La Rioja,
quedó condenado al olvido como tantos otros en la década de
los 60. Tras permanecer completamente deshabitado desde 1972,
está sacando la cabeza del olvido gracias al trabajo de la
Asociación de Amigos de Armejún, que lleva 12 años
rehabilitándolo.
Esta asociación la integran los
antiguos habitantes del pueblo, sus descendientes y algunos de
sus amigos. La "diáspora armejuniana" delata cómo los antiguos
habitantes se vieron forzados a repartirse por toda la
geografía nacional: Irún, Arnedo, Madrid, Zaragoza, Calaceite
(Teruel),..
Sin embargo, armados de ilusión y ganas de
trabajar, la Asociación de Amigos de Armejún ha vuelto para
continuar limpiando y arreglando el pueblo durante todo este
fin de semana. El trabajo cotidiano y las distancias sólo
permiten que puedan regresar a este enclave montañoso unas
cinco o seis veces al año, pero los resultados son ya
tangibles.
Poco a poco
"Lo primero que realizamos fue
la fuente, porque sin agua no se puede vivir", recuerda Paco,
otro de los antiguos habitantes que está dejándose la piel
para devolverle la vida al pueblo.
Pero estas personas
ya han logrado conservar 14 edificios, y dejar ocho de ellos
habitables. "Empezamos por nuestras propias casas, pero
estamos arreglando todos los edificios públicos, el frontón,
el cementerio,... Hoy mismo hemos empezado con la iglesia",
comentan mientras, todos reunidos, degustan un cocido tras una
intensa jornada de trabajo.
El espíritu familiar y de
compañerismo impregna cada rincón de Armejún. Las risas y el
colegueo de los que dedican parte de su vida a recuperar el
pueblo se entremezclan con la preocupación por ver cómo
algunos de los edificios "fallecen" por el paso del tiempo y
la dureza de los inviernos. "La pared de ese edificio redondo
tan peculiar se derrumbó este invierno, y va a resultar
imposible recuperarlo", comentan con tristeza. Sin embargo,
sus logros se esparcen por todas las calles. Los angostos
caminos entre los que se levantan las casas están limpios de
cascotes y despojos, y las flores y pequeños detalles que
sorprenden en cada rincón recuerdan que la vida no ha
abandonado del todo al pueblo.
La reconstrucción se
realiza respetando la originalidad de los edificios. Paco
también se ha encargado de levantar un horno idéntico al que
había en el pueblo, e incluso han construido una
piscina.
Armejún lo están levantando entre todos, y eso
se nota en sus ganas a la hora de meterse en faena. "A las
9.00 de la mañana nos ponemos a trabajar hasta las 15.30, y
por la tarde seguimos un rato", asegura Alberto. Tras 12 años
restaurando el pueblo, todavía queda mucho por hacer. Sus
esfuerzos se centran ahora en la iglesia de la localidad, de
la que están intentado rescatar el tejado para,
posteriormente, arreglar su interior. Algunas de las pinturas
originales y una gran cruz de madera, que colocó una alemana
que vivió en el pueblo unos meses, se han convertido en el
único "retablo" que preside el templo.
Armejún tampoco
ha podido escapar al azote de los ladrones. Se llevaron las
campanas de la iglesia y sus tejas, y "vuelven de vez en
cuando con hachas para encontrar algún tesoro". Pero los
problemas no se limitan a los actos vandálicos. La asociación
se ha gastado más de 30.000 euros de su propio bolsillo para
recuperar Armejún, ya que ninguna institución les ha ayudado.
Además, con Icona han tenido algún que otro "roce" desde que
se reforestara con pinos la zona. Incluso los Geos, las
fuerzas especiales de la Policía, realizaron maniobras en el
pueblo, destruyendo algunos edificios con bombas, aseguran los
miembros de la asociación.
Lejos de rendirse, los
herederos de Armejún regresan año tras año para cumplir su
sueño. Los balcones recuperan los tonos verdes y amarillos de
antaño, y el correteo de los niños obliga a abstraerse en el
tiempo y revivir cómo ese pueblo una vez estuvo rebosante de
vida. "Lo más sorprendente es que, antes de empezáramos, no se
oía ni a un pájaro. Escucha ahora", susurra Alberto mientras
un intenso piar rasga el amplio cielo de las
montañas.
El hogar de Wim
Un hombre con intensos ojos
azules cuida de Armejún durante todo el año. El belga Wim de
Jonge vino a vivir a este pueblo hace un año y medio, y ya ha
plantado sus raíces en esta localidad tan alejada de su natal
Amberes. Estos días está ayudando a sus "vecinos" de la
asociación a recuperar el pueblo, pero su rostro delata que no
es amigo del bullicio. "Lo mejor del pueblo es la
tranquilidad", comenta escuetamente. Ecologista convencido,
Wim no tarda en criticar el poco respeto que los españoles,
por lo general, tienen con la Naturaleza. "Nos comentó que no
utilizáramos productos químicos para quitar los hierbajos, así
que los arrancamos a mano", asegura Paco. Sin duda Wim se
siente cómodo con la vida ermitaña que ha escogido, pero hasta
hace pocos meses vivía en el pueblo con Bianca, una alemana a
la que Armejún también
cautivó.
HERALDO DE ARAGÓN,S.A. Pº. Independencia, 29,
50001 Zaragoza Inscrita en el Registro Mercantil de
Zaragoza, con fecha 25-Junio-1909, Tomo 7 del Libro de
Sociedades, Folio 435, Hoja 570, Inscripción 1ª. CIF:
A50001973