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26 de abril de 2003
TIERRAS ALTAS
Armejún recupera la vida tras más de 30 años condenado a la despoblación
Deshabitado desde la década de los 60, .

los antiguos habitantes del pueblo y sus hijos están reconstruyendo la localidad
Fotógrafo: Mariano Castejón
Algunos miembros de Amigos de Armejún, en la casa donde se reúnen



J.G.R. Armejún | "Mi padre se marchó llorando del pueblo cuando se enteró de que al año siguiente no iba a haber maestro. Eso significaba que nosotros también tendríamos que ir a vivir a otro lugar". Más de 30 años después, ese niño llamado Alberto vuelve a Armejún, junto a otras 40 familias más, para rescatar del olvido el lugar que le vio nacer.

Armejún, un precioso pueblo enclavado en la sierra de Achena, en los límites de la provincia con La Rioja, quedó condenado al olvido como tantos otros en la década de los 60. Tras permanecer completamente deshabitado desde 1972, está sacando la cabeza del olvido gracias al trabajo de la Asociación de Amigos de Armejún, que lleva 12 años rehabilitándolo.

Esta asociación la integran los antiguos habitantes del pueblo, sus descendientes y algunos de sus amigos. La "diáspora armejuniana" delata cómo los antiguos habitantes se vieron forzados a repartirse por toda la geografía nacional: Irún, Arnedo, Madrid, Zaragoza, Calaceite (Teruel),..

Sin embargo, armados de ilusión y ganas de trabajar, la Asociación de Amigos de Armejún ha vuelto para continuar limpiando y arreglando el pueblo durante todo este fin de semana. El trabajo cotidiano y las distancias sólo permiten que puedan regresar a este enclave montañoso unas cinco o seis veces al año, pero los resultados son ya tangibles.

Poco a poco

"Lo primero que realizamos fue la fuente, porque sin agua no se puede vivir", recuerda Paco, otro de los antiguos habitantes que está dejándose la piel para devolverle la vida al pueblo.

Pero estas personas ya han logrado conservar 14 edificios, y dejar ocho de ellos habitables. "Empezamos por nuestras propias casas, pero estamos arreglando todos los edificios públicos, el frontón, el cementerio,... Hoy mismo hemos empezado con la iglesia", comentan mientras, todos reunidos, degustan un cocido tras una intensa jornada de trabajo.

El espíritu familiar y de compañerismo impregna cada rincón de Armejún. Las risas y el colegueo de los que dedican parte de su vida a recuperar el pueblo se entremezclan con la preocupación por ver cómo algunos de los edificios "fallecen" por el paso del tiempo y la dureza de los inviernos. "La pared de ese edificio redondo tan peculiar se derrumbó este invierno, y va a resultar imposible recuperarlo", comentan con tristeza. Sin embargo, sus logros se esparcen por todas las calles. Los angostos caminos entre los que se levantan las casas están limpios de cascotes y despojos, y las flores y pequeños detalles que sorprenden en cada rincón recuerdan que la vida no ha abandonado del todo al pueblo.

La reconstrucción se realiza respetando la originalidad de los edificios. Paco también se ha encargado de levantar un horno idéntico al que había en el pueblo, e incluso han construido una piscina.

Armejún lo están levantando entre todos, y eso se nota en sus ganas a la hora de meterse en faena. "A las 9.00 de la mañana nos ponemos a trabajar hasta las 15.30, y por la tarde seguimos un rato", asegura Alberto. Tras 12 años restaurando el pueblo, todavía queda mucho por hacer. Sus esfuerzos se centran ahora en la iglesia de la localidad, de la que están intentado rescatar el tejado para, posteriormente, arreglar su interior. Algunas de las pinturas originales y una gran cruz de madera, que colocó una alemana que vivió en el pueblo unos meses, se han convertido en el único "retablo" que preside el templo.

Armejún tampoco ha podido escapar al azote de los ladrones. Se llevaron las campanas de la iglesia y sus tejas, y "vuelven de vez en cuando con hachas para encontrar algún tesoro". Pero los problemas no se limitan a los actos vandálicos. La asociación se ha gastado más de 30.000 euros de su propio bolsillo para recuperar Armejún, ya que ninguna institución les ha ayudado. Además, con Icona han tenido algún que otro "roce" desde que se reforestara con pinos la zona. Incluso los Geos, las fuerzas especiales de la Policía, realizaron maniobras en el pueblo, destruyendo algunos edificios con bombas, aseguran los miembros de la asociación.

Lejos de rendirse, los herederos de Armejún regresan año tras año para cumplir su sueño. Los balcones recuperan los tonos verdes y amarillos de antaño, y el correteo de los niños obliga a abstraerse en el tiempo y revivir cómo ese pueblo una vez estuvo rebosante de vida. "Lo más sorprendente es que, antes de empezáramos, no se oía ni a un pájaro. Escucha ahora", susurra Alberto mientras un intenso piar rasga el amplio cielo de las montañas.

El hogar de Wim

Un hombre con intensos ojos azules cuida de Armejún durante todo el año. El belga Wim de Jonge vino a vivir a este pueblo hace un año y medio, y ya ha plantado sus raíces en esta localidad tan alejada de su natal Amberes. Estos días está ayudando a sus "vecinos" de la asociación a recuperar el pueblo, pero su rostro delata que no es amigo del bullicio. "Lo mejor del pueblo es la tranquilidad", comenta escuetamente. Ecologista convencido, Wim no tarda en criticar el poco respeto que los españoles, por lo general, tienen con la Naturaleza. "Nos comentó que no utilizáramos productos químicos para quitar los hierbajos, así que los arrancamos a mano", asegura Paco. Sin duda Wim se siente cómodo con la vida ermitaña que ha escogido, pero hasta hace pocos meses vivía en el pueblo con Bianca, una alemana a la que Armejún también cautivó.

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